martes, 27 de abril de 2010

De Venezuela para el mundo: Dr. Jacinto Convit.


Esta entrevista al Dr. Jacinto Convit llegó a mis manos y tal como me lo pidieron, siento el deseo irrefrenable de compartirla.
Pudiera agregar que me siento orgullosa de este venezolano único y maravilloso descubridor de la vacuna contra la lepra, pero además quisiera decir que el Dr. Convit debe ser ejemplo de vida para tanta gente que se va de sus trabajos a edades ridículas frente a la de este hombre quien con 96 años pone a correr a más de un ¿joven? por ahí.

Sin más que comentar...he aquí sus enseñanzas de vida...

"JACINTO CONVIT
EL DESARROLLO DE UN PAÍS DEPENDE DE LA CIENCIA
Tiene 96 años y todavía está al mando del Instituto de Biomedicina de la UCV.
Después de haber desarrollado la vacuna contra la lepra y la leishmaniasis, lo que le valió su postulación al Nobel de Medicina, ahora encabeza dos cruzadas. Ayuda a los indios warao y la lucha contra el cáncer. El científico es categórico: "jubilarse es la muerte!"

La mirada de Jacinto Convit es penetrante. Uno puede llegar a creer que, de un momento a otro, sus potentes ojos azules podrían desprenderse de sus cavidades y salir levitando con total autonomía biológica. A sus 96 años de edad, todavía lleva el timón del Instituto de Biomedicina, ubicado al lado del Hospital Vargas. El científico, que fue postulado en 1988 al Premio Nobel de Medicina por sus aportes al estudio de la lepra y de la leishmaniasis, va todos los días a trabajar. Su oficina es culto a la sencillez. Hay libros en español e inglés, cachicamos en miniatura y un discreto retrato de Simón Bolívar.

En su escritorio, han colocado un timbre para que el investigador lo toque cada vez que necesite algo. Lo sonó múltiples veces durante la entrevista: pedía informes, papeles, carpetas, fotos para apoyar su exposición. Todo con carácter de urgencia. Una colaboradora comenta que es difícil llevarle el paso: "Tiene más energía que cualquiera de nosotras".

Convit, hijo de inmigrante catalán y de venezolana de origen canario, nació en La Pastora el 11 de septiembre de 1913.

En esa época, uno andaba en tranvía. Yo aprendí a leer en una escuelita que dirigía una señora de apellido Betancourt.

Después, entré al Colegio San Pablo, que era una institución familiar comandada por los hermanos cumaneses Martínez Centeno, descendientes del Mariscal Sucre. Allí cursé toda la primaria. Y entonces pasé al Liceo Caracas, donde me dio clases Don Rómulo Gallegos. Poca gente sabe que él era profesor de Matemáticas, una materia que conocía muy a fondo. Le saqué 20 puntos. Gallegos no pudo seguir en el liceo porque lo expulsaron del país: eran los tiempos de Gómez. Ingresé a la Universidad Central en 1932 y me gradué de doctor en Ciencias Médicas en 1938.

El año de su graduación fue decisivo para Convit. Los doctores Martín Vegas y Pedro Luis Castellanos le ofrecieron el cargo de médico residente de la leprosería de Cabo Blanco (Vargas). El sueldo era 1.500 bolívares, y el joven aceptó. Allí trabajó quince años.

La leprosería era un hospital donde se llevaba a la gente a la fuerza. Lo que llamaban aislamiento compulsorio: por ley. Los pacientes eran prácticamente capturados donde vivían y trasladados allí. Los que venían de zonas distantes eran traídos en barco y los que venían de zonas más cercanas, en un camión. Uno de ellos venía de Maturín. Eran como las tres o cuatro de la mañana. Llegó encadenado y acompañado de dos hombres armados. Yo me ofusqué un poco y les dije: `¡Quítenle las cadenas porque ése es un ser humano!’ Y los dos hombres me obedecieron. El paciente estuvo relativamente poco tiempo. Como a los cuatro meses, se fugó de la leprosería. Era un ambiente inaguantable.

Este apartheid que Convit presenció selló para siempre su destino. Decidió emprender una verdadera cruzada para que al enfermo de lepra se le respetara su dignidad y para dar con la cura de esta enfermedad de raíz bíblica.

La lepra se trataba con aceite de chaulmoogra y se aliviaba el dolor con derivados de morfina. El aceite lo refinaba un danés, Jorge Jorgesën, químico experto que había peleado en la guerra mundial.

Pero el enfermo no se curaba con eso: había que encontrar un tratamiento más eficaz. Me fui a la UCV y catequicé a ocho estudiantes de Medicina para que trabajaran conmigo. Además, hubo tres personas que me ayudaron muchísimo en el estudio que estábamos realizando: la doctora Elena Blumenfeld, farmaceuta, y otra persona de apellido Granado, de origen argentino, laboratorista, y que había venido con el Che Guevara a ver la leprosería. Hablé muy poco con el Che Guevara porque apenas pasó una noche en Cabo Blanco: al día siguiente se iba, creo, a Bolivia. Granado se quedó un año y se fue después a Cuba. La tercera persona fue el doctor Antonio Wasilkouski, un farmacólogo polaco, quien montó un pequeño laboratorio para producir medicamentos.

Convit, que hace poco fue catalogado por la BBC como uno de los cinco latinoamericanos más influyentes, que ganó el Premio Príncipe de Asturias en 1987, siempre opta por el plural cuando habla de su hazaña científica.

El primer medicamento que nos pareció importante para experimentar fue el Diamino-Difenil- Sulfona, el llamado DDS, que era activo contra las micobacterias. Un segundo medicamento que utilizamos fue la clofamizina. Con esos dos medicamentos, tratamos a 500 pacientes de la leprosería de Cabo Blanco. Y en un plazo de dos años, se curaban. Fue una verdadera revolución.

Se cerraron las dos leproserías nacionales: la de Cabo Blanco y la de Providencia (Zulia), que albergaban dos mil enfermos. Se crearon entonces los servicios antileprosos nacionales.

El procedimiento que nosotros ideamos fue la base para desarrollar el tratamiento de la lepra en todos los países endémicos.

Esos resultados fueron aplicados por la OMS, modificando ligeramente el cuadro: agregó un antibiótico (rifampicina) .

Nuestro trabajo sirvió para desarrollar el tratamiento que la OMS llamó poliquimioterapia de la lepra.

Toca el timbre. Pide a su secretaria que le traiga una copia de un artículo, escrito por él y otros investigadores, donde están asentados sus hallazgos. Fue presentado en Londres en los años sesenta.

Está en inglés.

Luego del uso de los dos medicamentos (DDS y clofamizina) , preparamos una vacuna a base de BCG (vacuna contra la tuberculosis) y de bacilos de armadillo (cachicamo). Posteriormente, trabajamos con la leishmaniasis, que es un problema de salud pública grave en Venezuela: son 5 mil enfermos nuevos por año. Desarrollamos una vacuna compuesta por el parásito de la leishmaniasis, que es la leishmania, con el BCG. El tratamiento de la leishmaniasis se hacía con los antimoniales pentavalentes, que son medicamentos muy caros. Preparamos esa vacuna y le economizamos al país dos millones de dólares por año. El desarrollo de un país depende de la ciencia. Por eso es que nosotros estamos subdesarrollados. Porque a nuestra ciencia, en verdad, no se le ha dado el empuje que debe tener, aunque se ha hecho un esfuerzo.

Jamás ha ejercido la medicina privada.
No va con mi carácter. El médico debe ser un servidor público. Para mí, esto no es un negocio: se trata de proteger la vida humana. Es muy difícil hacer fortuna ganando un sueldo de médico de salud pública. Pero, al fin y al cabo, uno no necesita eso. Porque si uno tiene una vida discreta y le es suficiente lo que gana, uno se siente feliz.

Una vez me informaron que en la Academia Militar había un joven a quien le habían diagnosticado lepra. Lo vi y encontré que el muchacho tenía una lesión, pero benigna. La lepra presenta lesiones agresivas en un porcentaje importante y lesiones benignas, que muchas veces se curan solas. Le escribí una carta al presidente de la junta de gobierno, Delgado Chalbaud. Y él me contestó que ese joven no iba a ser expulsado porque yo decía que no tenía una enfermedad maligna. El muchacho se graduó y vino a visitarme cuando era coronel. Esas son las cosas a las que uno, como médico, les da importancia.

Científico a carta cabal, no vacila, sin embargo, en reconocer su fe. No solamente creo en Dios, sino que uno tiene que hacer el esfuerzo para que los demás crean en él. Porque indudablemente que la creencia en Dios es algo necesario para el ser humano. A veces uno está pensando cosas y estoy seguro de que está influido por Dios.

Convit está casado con Rafaela Marotta, que tiene 90 años. Tuvieron cuatro hijos: Francisco, que cría caballos pura sangre; Oscar, que falleció en un accidente de tránsito cuando tenía 23 años; Antonio, psiquiatra, profesor de la Universidad de Nueva York y director médico del Centro de Investigaciones Cerebrales de esa institución; y Rafael, que es cirujano y trabaja en el Washington Medical Center. Los dos últimos son gemelos.

¿Qué piensa el científico de la muerte?
La muerte es algo que uno tiene que aceptar. Nadie se puede salvar de morir. Es decir, la muerte no es discutible. Ahora, lo que hay que hacer es aprovechar el tiempo y hacer las cosas lo mejor posible. Tratar de favorecer a la gente lo más que se pueda. Por eso pasé de mi trabajo en lepra y leishmaniasis al cáncer.

El fenómeno del cáncer es muy parecido, casi idéntico al de la lepra, porque, en el caso de la lepra, el organismo no reconoce a la bacteria que la produce y, por tanto, la bacteria se multiplica hasta el infinito. Calcule usted que debe haber más de diez millones de bacterias por gramo de tejido enfermo.
En el caso del cáncer, no se ha descubierto la bacteria, pero se ha descubierto la célula tumoral, que no es reconocida tampoco por el cuerpo que la sufre y entonces progresa millones de veces en el sitio y después pasa, igualito que ocurre con la lepra, por la sangre y por los linfáticos.
El objetivo es lograr que el cuerpo reconozca la célula cancerosa a base de un sistema inmune adecuadamente controlado.

Convit no ve obstáculos sino oportunidades. Su tenacidad es impresionante.
¿Está cerca la vacuna contra el cáncer?
Yo tengo la impresión de que está cerca. Y que debemos tener fe. El problema de la lucha contra estas enfermedades que afectan al ser humano es el prejuicio. La lepra pudo ser tratada porque trabajamos sin prejuicio, teniendo la seguridad de que se iba a encontrar un tratamiento que iba a mejorar al enfermo. Y en cáncer existe un prejuicio tremendo: la gente cree que no tiene solución, y que nunca la tendrá. Eso no es así. Nosotros, en lepra, usamos sustancias que permitieron al organismo destruir al mycobacterium leprae. Debemos seguir esa misma vía: usar sustancias que destruyan la célula tumoral. En eso es que estamos trabajando. Llevamos tres años.

¿Qué cual es el secreto de mi longevidad? ¿Que por qué no me he muerto? ¿Eso es lo que usted me quiere preguntar? (Sonríe)... Porque tengo proyectos en qué ocuparme. Y me ocupo. La tragedia está en las jubilaciones que consumen el cerebro del ser humano y refugiarse entre las paredes de la casa limita el pensamiento, hasta el ejercicio físico, el ser humano se desactualiza aislándose de sus compañeros y la vida social como intercambio de ideas. Hombres y mujeres jubilados se abandonan hasta en su apariencia, lamentablemente.
Uno debe acostumbrarse a ser feliz cuando hace feliz a los demás.

Fuente: EL NACIONAL
Domingo 06 de Diciembre de 2009
Siete Días
Por: Gloria M. Bastidas

lunes, 26 de abril de 2010

Volver al cabildo no es posible, porque Chávez, no es Emparan


Excelente material que comparte con nosotros Luis Enrique Alcalá —analista político venezolano— cuyo autor es el Arzobispo Ramón Ovidio Pérez Morales, Obispo Emérito de Los Teques; ex Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y del Concilio Plenario de Venezuela. En tal sentido, coincido con Luis Enrique cuando éste señala que se trata de una denuncia increiblemente bien fundamentada, preclara y contundente, de un régimen que no reconoce la disidencia; que ve en el oponente un enemigo y no un adversario de las ideas y que, además, ha dividido peligrosa y quizás terminalmente al país, en nombre de un pseudo proyecto político que lejos de traer bienestar y progreso a Venezuela, la ha colocado a la vanguardia de las listas más infelices que la modernidad y el mundo globalizado pudieran demandar.

Sin embargo, por desgracia, y evocando el título que Monseñor Pérez Morales colocara a su escrito, "Volver al cabildo" no es posible, porque Chávez no es Emparan...
Justo después de leer todo el documento, sentí curiosidad por conocer más acerca de quien había sido realmente Vicente de Emparan. Para empezar, me di cuenta que existe poca información al respecto. No obstante, pude aprender que además de ser un militar y político español —vasco— ex gobernador de la Provincia de Cumaná entre 1792 y 1804, también fue un hombre leal, quien justo cuando Napoleón Bonaparte invade la Península Ibérica, él regresa a España a dar la cara por su país.

Allí es nombrado por José (Bonaparte) como Capitán General de Venezuela; cargo que acepta, no sin antes jurar fidelidad a Fernando VII por ante la Junta Suprema Central, que defendía los derechos del monarca. LLega en 1809 y todo un año estuvo tratando de sofocar focos de levantamiento contra la corona, dado el vacío de poder existente; hechos exacerbados por figuras como la del Padre Feijóo quien promovía la teoría del vacío de poder para justificar la independencia.

Lo cierto es que llegado el día de aquel jueves santo del 19 de abril de 1810, Emparan y Orbe (sus dos apellidos), intentando nuevamente eludir lo que ya sabía que estaba en proceso y era irrefrenable, quiso ir a la misa de la catedral, sacándole el cuerpo al cabildo caraqueño que había sido convocado para discutir sobre la situación de España y sus provincias en América; específicamente, claro, sobre el destino de Venezuela.

Esta vez, Emparan no pudo evadir el llamado o clamor popular que le pedía volver al Cabildo...y regresó. Allí, en el balcón y con el Padre Cortés de Madariaga —escritor, político y canónigo de la Catedral de Caracas; chileno de ascendencia vasca— detrás, haciéndole señas al pueblo, preguntó a la multitud lo que los venezolanos aprendemos desde niños: "¿Quieren que yo siga como Capitán General?"; ante lo cual el pueblo responde: "¡No, no lo queremos!!!" y él, voluntaria y cívicamente replicó: "Entonces yo tampoco quiero mando".Así, tratado con respeto y honor, Emparan abandona el país para morir años después en su España natal, en 1820.

Hago esta reseña biográfica de Emparan para resaltar su espíritu civilista y su profundo respeto a a voluntad popular, incluso de un pueblo que no era el suyo...
Justo por esto digo que "Volver al Cabildo" no es posible. Insisto: Chávez, no es Emparan.
Igual, el clamor de aquel 19 de abril...sigue vivo y demandando el respeto a la voluntad popular...
Que cada quien saque sus propias conclusiones...

http://doctorpolitico.com/?p=12611

sábado, 24 de abril de 2010

"El canalla del Che"


En septiembre del año pasado, el diario argentino "La Nueva Provincia", publicaba una entrevista que realizara a Nicolás Márquez —abogado y periodista— sobre la figura de Ernesto "Che" Guevara...

La entrevista desvela rasgos biográficos del finado guerrillero que no tienen nada que ver con la imagen que de él se ha difundido desde que muriera en Bolivia, en 1967.

Particularmente, no creo en revoluciones armadas. Sin embargo, cuando recientemente estuve en Alta Gracia, Córdoba, Argentina, quise visitar la casa del Che porque siempre me ha gustado tener información de primera mano.

La experiencia fue interesante. La gente casi no hablaba; susurraba. Sentí que era una expresión de respeto hacia un recinto que muchos de los que estaban ahí consideraban sagrado.

Me preocupé por dejar asentado en el libro de visitas mi gentilicio venezolano y sobre él, la acotación que hacía al principio sobre las revoluciones.

Tomé fotos y estando ahí, se me ocurrió la idea de proponer la celebración de la Semana del Che al llegar a Venezuela, en el marco de la Cátedra Libre Che Guevara, adscrita al Vice-rectorado Académico de la Universidad del Zulia, que coordina el Dr. Juan Carlos Morales Manzur.

Todo pasó por mi mente en segundos: compraría videos y propondría debatir sobre la vida del Che a través de los llamados video-foros.

Quienes me conocen, quizás no entiendan que sea yo quien promueva esta actividad; sin embargo, en concordancia con mi espíritu libertario y democrático pero, sobre todo, académico, me parece que la gente debe hacerse su propia opinión acerca de este personaje que dio un giro a la historia de mediados del siglo XX.

Los videos que me traje, destacan los aspectos positivos del Che, como era de esperar. Por eso, me he preocupado por buscar referencias que señalen justamente lo contrario. La información debe ser equilibrada. Hay que ver las dos caras de la moneda y justo en medio de esta búsqueda, hallé la entrevista que les presento para que debatamos sobre quien fue el Che, desde otra perspectiva.

Yo ya tengo mi opinión perfectamente formada. Lo reconozco: no soy fanática del Che, pero creo que todo el mundo tiene derecho a creer en lo que le parezca y el respeto a este derecho, es lo que debería orientar esta discusión que hoy promuevo.

Ernesto "Che" Guevara, nació en Rosario, Argentina, un 14 de junio de 1928 y murió en Bolivia, en octubre de 1967. Era médico, guerrillero, comunista. Ejerció importantes cargos en el gobierno cubano y hasta le llegó a ser otorgada esa nacionalidad por gracia...
Quienes lo veneran, ven en él un hombre que murió por sus ideales; para quienes lo adversan, es simplemente un asesino. He aquí el link donde podrán leer la entrevista completa.

Espero sus opiniones.
Nota: la foto es de Nicolás Márquez, periodista y abogado argentino, nacido en abril de 1975. Entre sus obras se cuentan: "La otra parte de la verdad" (2004); "La mentira oficial" (2006); "El Vietnam argentino-La guerrilla marxista en Tucumán" (2008) y "El canalla; la verdadera historia del Che" (2009)